¿Sabías que hubo un coche con carrocería de cartón? Ahora cumple 65 años

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Madera, acero, aluminio, fibra de carbono… Las carrocerías de los vehículos han evolucionado al ritmo que lo hacía el propio automóvil. Una evolución no continua y en la que se da cabida (con o más o menos acierto y/o con perspectiva de futuro) a otros materiales como puede ser el bambú, el cannabis. Lo que no podías imaginar es que esas cajas de cartón con las que algunos jugaron de pequeños imaginando que eran coches, los adultos les ponían motor y ruedas y los hacían funcionar ¿No lo crees? Tenemos una prueba que habría llegado este año a su jubilacion…

El mítico Trabi, símbolo automovilístico de la República Democrática Alemana (RDA), celebrará este 2022 sus 65 años de vida. Y es que el 7 de noviembre de 1957 salía de la factoría de la RDA de Zwickau el primer Trabant, un elemental utilitario, cuya carrocería se fabricaba a partir de una mezcla de algodón, resina y serrín que le ganó el sobrenombre de «cartón de carreras».

«Cartón de carreras» o Duroplast para la carrocería

El ingenioso Duroplast, nombre del material ideado por los ingenieros de la fábrica VEB Sachsenring Automobilwerke Zwickau en sustitución a la chapa, permitió la producción de automóviles en la RDA sorteando la práctica inexistencia de la industria metalúrgica y aprovechar los excedentes de la madera.

Se trataba del vehículo más barato al que podía acceder un ciudadano germano-oriental, dada la escasez de oferta, y, a pesar de tener cabida para cuatro personas y algunas maletas, su motor de dos tiempos era más parecido al de una motocicleta que al de un coche.

Concebido en su origen como un vehículo de tres ruedas, entre noviembre de 1957 y el 30 de abril de 1991, las cadenas de montaje de Zwickau ‘alumbraron’ 3.096.099 ‘Trabis’ de los que más de 50.000 aún recorrían las carreteras alemanas más de una década después.

Convertidos en coches de culto, los «cartones de carreras», que apenas alcanzaban los 100 km/h, cuentan con decenas de clubs de fans en Alemania y en países como la República Checa, Italia, Holanda, Polonia, Brasil, Inglaterra o Estados Unidos. Incluso se celebran concursos de Trabis, construidos de forma casera.

Para todos los bolsillos

Pequeño, incómodo y lento pero, al mismo tiempo, entrañable y asequible para los bolsillos obreros, con un precio de 4.000 marcos alemanes del este (Ostmark, unos 2.000 euros actuales en el mejor de los casos de conversión monetaria), el Trabant se convirtió en el primer utilitario para generaciones de alemanes que crecieron en el lado oriental del telón de acero.

El nombre de Trabant —satélite en alemán— fue elegido por votación popular en homenaje al primer satélite que Rusia colocó en órbita en 1957, el «Sputnik», con el que consiguió adelantarse a EE.UU. en la carrera espacial.

El tiempo medio de espera para recibir uno de los deseados utilitarios era de unos 15 años, de ahí que los de segunda mano fueran mucho más caros dado que podían adquirirse de inmediato.

¿Cómo era el Trabant?

Con 3,375 metros de largo, 1,5 metros de ancho y 1,4 metros de alto, el Trabi, sedán pero con carrocería de dos puertas (con maletero pero sin portón), fue el primer medio de transporte para miles de familias germano-orientales durante años, a pesar de su incomodidad y escasez de prestaciones.

Además, los añorados Trabant olían a combustible (mezcla de gasolina y aceite), y su nivel de carburante se medía con el infalible sistema de levantar el capó, desenroscar el tapón del depósito y meter una varilla para controlar el consumo.

Con un motor de dos cilindros y 22 caballos, se produjo casi sin modificaciones significativas durante 30 años, dado lo barato de la producción, manteniendo su insólita carrocería, que ni se reblandecía con la lluvia ni se oxidaba pero que, en caso de colisión, se resquebrajaba.

El tierno Trabi fue una eterna fuente de chistes y contradicciones incluso en el aspecto medioambiental ya que, por un lado, emitía cinco veces más dióxido de carbono que cualquier otro utilitario pero, por el otro, fue el primer coche fabricado, en gran medida, a partir de material reciclado.

Los Trabis, que muchos germano-orientales cambiaron a la primera de cambio por un moderno coche occidental tras la caída del Muro de Berlín (1989), sigue recordándose con nostalgia por los antiguos germano-orientales como emblema de la cara amable de la RDA, junto con los puestos de trabajo vitalicios o las guarderías gratuitas.

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