¿Sabías que hubo un Porsche para el que tuvieron que inventar la pintura?

¿Sabías que hubo un Porsche para el que tuvieron que inventar la pintura?

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La marca automovilística Porsche no han cesado de innovar a pesar del tiempo. Sin embargo, si hay un momento importante en su historia ese lo encontramos en la primavera de 1977, cuando la llegada de un nuevo Porsche supuso una auténtica revolución para el fabricante de automóviles. Tras años de desarrollo, y en un momento delicado, el 928 llegaba para superar todas las expectativas…

¿Qué pasaba en Zuffenhausen —distrito en la zona norte de la ciudad de Stuttgart donde se encuentra la sede histórica de la maca—’ en los años 70? Por entonces, las familias Porsche y Piëch se habían retirado de la dirección ejecutiva de la empresa. Además, las autoridades de Estados Unidos, por entonces el mayor mercado de Porsche, debatían nuevas normativas anticolisión; y el Porsche 911 se consideraba un modelo en vías de extinción debido, en gran medida, a la inminente llegada de nuevas y estrictas normas anticontaminación..

Mientras, el nuevo presidente del Consejo de Dirección, Erns Fuhrmann, impulsa un nuevo concepto para romper con la implantación tradicional del motor trasero, suponiendo un cambio radical.

El modelo comienza a tomar forma

De este modo, en el modelo que empieza a desarrollarse, el motor debe ir delante (una decisión atrevida, teniendo en cuenta la tradición de motor trasero imperante en Porsche), la caja de cambios detrás y, en medio, el llamado «eje rápido», un diseño al que la marca se refiere como «transaxle». Y esta debe ser una seña de identidad del Porsche 928.

A partir de febrero de 1972, la evolución del 911 (el 928) empieza a ganar velocidad, mientras los ingenieros del Centro de Desarrollo de Weissach pisan terreno desconocido en todos los aspectos. El motor, un V8 de 4.5 litros refrigerado por agua y con bloque de aluminio (algo novedoso en Europa), tiene elementos provenientes de la competición.

Para el chasis se diseña una suspensión trasera completamente nueva, que evita que las ruedas posteriores cojan convergencia en los apoyos: el eje Weissach.

La carrocería… y la pintura

¿Y en el exterior? La carrocería es una mezcla de acero, aluminio y plástico. Y los parachoques de poliuretano están completamente integrados en el controno del coche, lo que también supone algo absolutamente nuevo. Superan sin problemas las nuevas pruebas que obligan a que no tengan daños tras una colisión a 8 km/h.

Hoy en día esto resulta totalmente normal, pero en aquel momento los paragolpes supusieron un auténtico quebradero de cabeza para los ingenieros y diseñadores, y también para Wolfhelm Gorissen, Director de Proyecto del Porsche 928. El problema no era solo la compleja fijación flexible, sino también la pintura.

“Por aquel entonces no había ninguna pintura que fuera apta tanto para acero como para aluminio y poliuretano”, recuerda Gorissen. “En cada superficie se apreciaba una tonalidad distinta de color”.

Esta pintura especial todavía estaba por inventar, algo que se consiguió antes de comenzar la producción en serie.

Nace el primer Gran Turismo de Porsche

Mientras en Weissach se trabaja en infinidad de detalles para poder ganar un centímetro de espacio aquí o ahorrar un kilo de peso allá, los expertos del departamento de Pruebas llevan hasta el límite físico los prototipos que van fabricando.

Gorissen recuerda un primer recorrido nocturno por la Selva Negra: “Era invierno y las carreteras tenían placas de hielo. La situación no era fácil”. Sin embargo, al finalizar el recorrido, los pilotos de pruebas se bajaron relajados y satisfechos. “El vehículo ofrecía un comportamiento mejor que el del 911 de la época”.

Desde un principio quedaba claro que el 928 era un modelo más avanzado: había nacido el primer Gran Turismo de Porsche. El nuevo modelo ofrecía 4 plazas, si bien es cierto que las dos traseras no eran propicias para realizar largos recorridos, además de un habitáculo amplio y un maletero de tamaño considerable. Aunque hoy parezca compacto, entonces se consideraba un coche grande.

¿Qué sucedió en el Salón de Ginebra?

El modelo se presentó en Ginebra como un modelo capaz de deslizarse cómodamente por la calzada, con un nivel de ruido inferior, gracias a un motor bóxer refrigerado por aire. Por su parte, el sistema de aire acondicionado incluye la refrigeración de la guantera, mientras el volante y el asiento se pueden regular.

Durante su presentación, el 928 causa sensación y un gran entusiasmo entre el público. “Rudolf Leiding, anterior presidente de Volkswagen, compró inmediatamente uno para su mujer”, informaba la publicación alemana Spiegel, que afirmaba que “ningún otro vehículo ha resultado tan decisivo para el crecimiento de Porsche como el 928”.

Se trataba nada más y nada menos que de un deportivo moderno de desarrollo totalmente nuevo y elegancia atemporal, y que reunía todos los requisitos para convertirse en el digno sucesor del 911.

Cuántas unidades se fabricaron

Hoy sabemos que en realidad el 928 no reemplazó al mítico 911, pero sí tuvo sus momentos de gloria. Y es que el fue el primer y único deportivo galardonado —hasta hoy— con el título de “Coche del Año en Europa”.

Con el paso de los años fue sometido a un proceso continuo de optimización y mejora, hasta 1995, cuando se interrumpió su producción tras haberse fabricado un total de 61.056 unidades.

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