El coche que debe su nombre a su increíble aerodinámica, inédita en su época

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Más de 100 años de historia detrás de la firma Citroën y a sus espaldas varios éxitos mundiales con vehículos que marcaron época. Entre sus modelos destacados se encuentra el icónico CX ‘Made in Spain’ fabricado en Vigo con una distinguida aerodinámica que hoy en día sigue resultando atractiva. Se vendió en todo el mundo durante los 18 años que estuvo en producción.

El Citroën CX estuvo a la venta entre 1974 y 1991 y de él se envidieron casi un millón de unidades en todo el mundo en esos 18 años. Se presentó en el Salón de París en el año en el que el grupo sueco ABBA ganó el Festival de Eurovisión con su ‘Waterloo’.

La presentación del CX

La primera vez que se mostró el CX fue en el mes de julio de aquel 1974 y se enseñó con su color característico: tono arena con un interior aterciopelado de color caramelo. A esa unidad, se le unieron ese verano otras 27 más, que, transportadas discretamente en cuatro camiones, fueron trasladadas desde París hasta los alrededores de Gällivare, en el Círculo Polar Ártico, en Laponia.

Allí, Jacques Wolgensinger (entonces director de relaciones públicas de Citroën) acogió a 400 periodistas de 13 países divididos en grupos de 50 que llegaron en avión hasta Laponia donde pudieron probar el CX en carretera en un recorrido de 420 km.

El 26 de agosto los últimos periodistas abandonaron Gällivare y para devolver los 28 CX a casa, 25 jóvenes que habían participado en el Raid África (realizado con Citroens 2CV) se trasladaron a Laponia para dar vida al ‘Raid Ártico’: 3.400 km en CX del Círculo Polar Ártico hasta París.

El 1 de septiembre de 1974 los 28 CX desfilaron por los Campos Elíseos hasta el famoso salón Citroën del número 42 dónde quedaron expuestos. Wolgensinger concluyó la presentación en el Salón de París donde el CX conquistó al mismísimo presidente de la República Francesa Valéry Giscard d’Estaing.

En su versión especial Prestige constaba de un techo de vinilo, máximo confort, adaptado a la conducción de un chófer y que fue utilizado por la flota de la Prefectura francesa, formando parte del parque automovilístico del Elíseo como coche de representación y vehículo presidencial.

Su aerodinámica le dio su nombre

Su coeficiente de penetración aerodinámica (que se representa con las letras Cx) era inédito en su época: 0,35. Por eso, precisamente se le bautizó con ese nombre. Fue el primer modelo de la marca con motor transversal y estuvo disponible con motores de gasolina, diésel y turbodiésel y se convirtió en el diésel más veloz del mundo.

Tenía la exclusiva dirección “con retorno asistido” Di.Ra.Vi. (“Direction à Rappel asserVi”), desarrollada por Paul Magès y asistida por la bomba hidráulica que alimentaba la suspensión hidroneumática.

El CX conseguía combinar una línea elegante y aerodinámica con la mejor tecnología. Orientado a la eficiencia, con un CxS de 0,709, el CX era capaz de alcanzar los 220 km/h en su versión de serie más potente: el CX 25 GTi Turbo de 1984.

Este modelo fue elegido Coche del Año en Europa en 1975 (el segundo Citroën después del GS en 1971). También en 1975, ganó el Premio de la Seguridad y en el Salón de Ginebra recogió el prestigioso premio Award Style Auto, gracias a su diseño de vanguardia.

Además, consiguió numerosos premios en todo el mundo, sobre todo, gracias al limpiaparabrisas de un solo brazo, a la tracción delantera, a la suspensión hidroneumática, a las llantas de aleación ligera y al techo de vinilo.

Y su carrocería ¿en qué se distinguía?

Por un lado, el diseño exterior constaba de una línea fluida y aerodinámica. nacida del lápiz de Robert Opron (padre también de los SM, GS y AMI 8). Una de las particularidades del CX era una sorprendente luneta trasera curva perfectamente integrada en estas líneas igual que su maletero sin portón pese a su silueta de dos volúmenes.

Y, por otro lado, su interior. Ofrecía una gran instrumentación, líneas ahusadas, un ángulo de visión para el conductor bastante grande, elementos de información… incluido el velocímetro de tambor giratorio que facilitaba su lectura.

Además, los mandos secundarios: el encendido de los faros, el intermitente, el claxon y los limpiaparabrisas y sus funciones se desplazaron a dos ‘satélites’ situados a la derecha e izquierda del volante donde el conductor podía controlar dichos mandos que es lo que actualmente manejamos con los dedos pulgares.

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