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¿Por qué (y cómo) pintaban las fans de Elvis Presley la carrocería de este mítico BMW?

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Elvis Presley, uno de los grandes mitos de la música y también actor protagonista en varias películas estadounidenses, además de amar la música tenía otras pasiones. Una de ellas era el mundo del motor, no solo coches sino también motos.

Su inmenso talento le permitió acumular una gran fortuna y también un importante garaje con piezas únicas. Una de ellas es un BMW 507 de 1957 de color blanco pluma, que actualmente está valorado en casi 7,5 millones de euros.

Una joya que compró a un piloto europeo de carreras. El cantante realizó su servicio militar en tierras alemanas. Tras finalizar su estancia en el Viejo Continente, el BMW blanco viajó con el Sargento Presley de vuelta a los Estados Unidos.

Sin embargo, ese color de pureza poco le duró al vehículo. Pocos años tras la compra, el Rey del rock and roll lo pintó de rojo. Presley tomó esta medida, ya que sus numerosas fans cogieron por costumbre plasmar sus deseos y peticiones en la carrocería del BMW 507… ¡con pintalabios!

Pero, parece que esta idea no fue suficiente y, finalmente, un tiempo después decidió deshacerse del vehículo alemán y lo acabó vendiendo a un piloto de carreras.

Años más tarde, este mítico bólido acabó en el garaje de un coleccionista llamado Jack Castor, quien se hizo con el coche, ya bastante deteriorado, pero sin tener la certeza de que era el de Elvis. Durante varias décadas, lo mantuvo almacenado sin prestarle atención, por lo que su estado fue empeorando aún más.

Sin embargo, en 2006, a raíz de un artículo publicado en una revista, Castor comenzó a contactar con especialistas que le confirmaron que era la unidad que perteneció a la estrella del rock and roll.

Voluntariamente, el coleccionista lo donó a BMW para que pudiera hacerse una importante restauración, ya que el estado de conservación del automóvil por aquel entonces no era precisamente bueno.

El garaje de Elvis

El primer coche que tuvo, y que recibió como regalo de su padre, fue un modelo de lujo para el mercado estadounidense aunque cuando lo recibió ya tenía una década. Era el coche que llevó a sus primeros conciertos: un Lincoln Zephyr.

Pero, Presley se decantó por un Cadillac como el primer coche pagado de su bolsillo. Concretamente, adquirió un Cadillac Fleetwood Serie 60 que le duró apenas tres meses. Un problema con los frenos hizo que cogieran demasiada temperatura… y el coche saliera ardiendo.  Elvis, enamorado de este coche (sería uno de los iconos que le acompañarían el resto de su vida) se compró otro igual y lo pintó en rosa, un tono que denominó ‘Elvis Rose’.

Por sus manos también pasaron vehículos de Ford, BMW, o, incluso un Ferrari. Pero, su debilidad era Cadillac. Precisamente, el último vehículo que compró antes de su muerte fue un Cadillac Seville.

Cadillac-Seville

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