Las carrocerías del Mercedes que nació para uso militar, fue Papamóvil y hasta ganó un Dakar

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Cuatrocientas mil unidades fabricadas. Esta es la cifra redonda a la que ha llegado el Mercedes Clase G desde que se ensamblara su primera versión en 1979.

41 años de vida de un coche que tiene historia y que su paso por la cadena de montaje es particular, ya que casi se monta de forma artesanal. La última unidad salida de fábrica está pintada en rojo y tiene como destino Renania.

Un vehículo fiable y resistente, dos características que tienen su fundamento en el origen del G de Mercedes. En sus inicios, la marca alemana estaba preparada para montar un vehículo militar.

Para llevar a cabo este sueño, Mercedes se alió con Steyr-Daimler-Puch, una firma austriaca, y que luego pasaría a llamarse Magna Steyr, filial de la canadiense Magna International.

Sin embargo, el proyecto no tuvo mucho éxito militar, pero se convirtió en el 4×4 más fiable, seguro y con mejores prestaciones del mercado. Eso sí, el Clase G sigue circulando y con éxito, ya que cerca de ocho de cada diez unidades siguen estando operativas.

Se ha convertido en un vehículo ligero, capaz de comportarse como un profesional en los terrenos más difíciles y seguro sobre el asfalto.

Del ejército a Papamóvil

Además de su resistencia, el Clase G de Mercedes se ha convertido en un autentico vehículo versátil. En 1980 se convirtió en Papamóvil para la vista de Juan Pablo II a Alemania, pintado de blanco nacarado y con una estructura de cristal que permitía a su ocupante viajar de pie.

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Otra muestra más de su singularidad es que en 1983 se convirtió en el coche ganador del Paris-Dakar. Fue el piloto belga Jacky Ickx, subcampeón de F1 y ganador seis veces de las 24 horas de Le Mans, con el actor Claude Brasseur como copiloto quien llevó al Mercedes hasta el podio del lago Rosa.

La última generación del Clase G se lanzó en 2018, mejorando sus prestaciones on y off road y aprovechando para equipar al vehículo con modernos sistemas de seguridad, control 4×4 y ayuda a la conducción.

En el verano del año siguiente y pensado en los apasionados de este modelo, que son muchos en todo el mundo, se inauguró al lado de la planta de Graz el G-Class Experience Center, una especie de parque temático donde los propietarios de este modelo pueden explotar al máximo sus posibilidades en un entorno seguro sobre firmes deslizantes, pendientes y vadeo de ríos.

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