¿Se puede hacer poesía hablando de parachoques, faros o ruedas?

¿Se puede hacer poesía hablando de parachoques, faros o ruedas?

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Las emociones han sido las que, principalmente, han movido al arte y los artistas desde el principio de la propia humanidad. Sin embargo, la naturaleza y, en definitiva, todo lo que nos sorprende y rodea también ha servido de inspiración. Y a ello no ha sido ajeno el automóvil…

Y es que el automóvil  es, probablemente,  el ‘rey’ de la belleza de todas las máquinas. Personajes como Henry Ford con su Ford T; Ferdinand Porsche, artífice de coches míticos como el Mercedes Benz SSK y el escarabajo de Volkswagen; Harley Earl con sus Cadillacs y Corvettes; Frank Hershey y su espectacular Thunderbird; L. David Ash creador del Ford Mustang; Giorgetto Giugiaro con De Loreans, Lotus o Maserattis entre sus diseños, o Pininfarina y sus Ferraris nos enseñaron su lado más evocador.

No en vano, la irrupción del automóvil, hace ya más de un siglo, en la vida cotidiana de la humanidad fascinó a cineastas, pintores y escritores. En el mundo de la pintura, Ramón Casas (1866-1932) fue uno de esos primeros artistas que apostó por el mundo del automóvil y llegó a convertirlo en tal pasión que incluso participó en la creación del Real Automóvil Club de Cataluña. Sin embargo, no fue el único, pues personajes de talla mundial como Salvador Dalí, Picasso, Magritte o Andy Warhol también sucumbieron a los ‘encantos’ del invento de las cuatro ruedas.

Pero es más. El coche se unió al auge de las vanguardias artísticas europeas y en concreto al futurismo, que buscaba en la máquina el ideal de modernidad y belleza, tal y como se refleja en el Manifiesto Futurista de Filippo Marinetti de 1909, donde se afirmaba incluso que “el automóvil de carrera es más bello que la Victoria de Samotracia”.

También, en el Manifest Groc de 1928, con Dalí entre sus artífices, se establecía que el maquinismo había verificado el cambio más profundo que había conocido la humanidad. Y tenían razón, más de 90 años después se puede decir que el automóvil es cultura en todas sus manifestaciones artísticas… la poesía incluida.

Así, de esta admiración existen muchos ejemplos como el recuerdo que Gil de Biedma tiene del coche familiar (“bello como una máquina de guerra”). Aunque no han faltado también críticos de la talla de Pessoa (“El automóvil, que hasta hace poco parecía darme libertad, / es ahora una cosa donde estoy encerrado”), e incluso descalificadores, como W. H. Auden (“invento vil / dañino y criminal”).

Toda pieza merece atención

Y para dejar constancia de esta admiración del arte por el automóvil, un número de la revista de poesía, arte y pensamiento ‘Litoral’, por título ‘El automóvil. Poesía y arte sobre ruedas’ está dedicado exclusivamente a autores y artistas plásticos que se han ocupado de este invento, tratándolo en su totalidad o despiezándolo en faros, parachoques, frenos, volantes, parabrisas, neumáticos, tubos de escape, retrovisores…

De esta forma, prácticamente no hay pieza del motor o la carrocería que no haya merecido atención. Asimismo, tampoco faltan asuntos inherentes al automóvil como carreteras, gasolineras, semáforos, desguaces, atascos, aparcamientos, talleres o el coche como lugar de encuentros íntimos.

Además de poemas, en esta publicación, varios colaboradores escriben sobre el automóvil en el cine, la música y el cómic. De igual forma, varios autores reflexionan sobre fotografías emblemáticas de automóviles.

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