Saoutchik, el carrocero de la clase alta francesa

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Saoutchik, el carrocero de la clase alta francesa Originario de Bielorrusia, pronto emigró. Fue a buscar su destino a París, la ciudad de la luz, donde inició sus pasos como ebanista para dar el paso a la fabricación de carruajes y finalmente el salto como uno de los carroceros más destacados de la época. Con apenas 26 años ya había fundado su empresa de carrocerías en París. Corría el año 1906 y su primer trabajo se deslizó sobre el chasis de un Isotta Fraschini. Aquel buen comienzo se vio avalado por los pedidos de los ricos parisienses, pero pronto le llegaron encargos de las marcas más prestigiosas de la época, como Rolls-Royce, Hispano-Suiza y Mercedes. Era un paso natural: Saoutchik destacaba por su meticulosidad y carácter perfeccionista, pero también por su búsqueda constante de la elegancia. Y en esa búsqueda no tenía ningún inconveniente en arriesgar en sus diseños. Para muestra un botón: para embellecer sus obras recurría al cromo o el dorado. Lo que fuese para destacar la pureza de las líneas que creaba para la carrocería. Porque la aerodinámica era otra de sus obsesiones.

Saoutchik, el carrocero de la clase alta francesa

Jacques Saoutchik trabajando en uno de sus diseños

Auténtico e innovador

Aquella autenticidad de sus obras (de él llegó a decirse que era de los pocos carroceros que no copiaban a los demás) y su amor por los detalles le hizo triunfar rápidamente entre la clase alta, o, como él la llamaba, la “clase superior”. Le llegaban pedidos incluso desde el otro lado del charco. En las vitrinas de su empresa podía presumir de muchos premios otorgados en concursos de elegancia. Saoutchik, el carrocero de la clase alta francesa Eso no le volvió conservador, ni mucho menos. Soñaba ornamentaciones para las carrocerías, soñaba propuestas distintas, como carrocerías transformables, puertas con aperturas imposibles… Con el final de la Segunda Guerra Mundial y las catastróficas consecuencias económicas del conflicto bélico, se inició el declive. Su empresa cerró apenas diez años después del fin de la guerra (ya en manos de su hijo Pierre) y el propio Saoutchick falleció apenas dos años después del cierre de la empresa. Sin embargo, le sobreviven sus magníficos diseños, el trabajo de una vida de carrocero artesano que aún hoy en día es admirado. Y premiado: en el Pebble Beach de 2012, por ejemplo, fue premiado un Mercedes-Benz 680S Saoutchik Torpedo modelo 1928, de color gris, con ribetes de color granate y carrocería personalizada. Saoutchik, el carrocero de la clase alta francesa

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