¿Dejarías de conducir por un pequeño golpe de chapa?

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Pero dejar de conducir para siempre. Colgar las llaves del automóvil. ¿Te parece una exageración? Para el músico de heavy metal Lemmy Kilmister, para el abuelo del Rock & Roll, sólo fue la consumación de un hecho: él no estaba hecho para conducir. Ya en una entrevista, antes de dejarlo se refería a los automóviles como esos arilugios que tienen “mucho de lo que preocuparse y muchas cosas susceptibles de romperse“. Desde aquí, nuestro pequeño homenaje para el artista que nos dejó a finales del pasado año.

¿Dejarías de conducir tras un pequeño golpe de chapa?

Con apenas 21 añitos, en 1966, el joven Kilmistier tomó la decisión de abandonar la práctica de la conducción. Curioso porque fue el líder de una banda a la que bautizaron como Mötorhead a mediados de la década de los setenta.

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El “culpable” definitivo de su rechazo al automóvil fue un Chevrolet Coupé. El vehículo estaba bien equipado: frenos hidráulicos, dirección asistida, radio… y, para desgracia de Lemmy Kilmister, cambio automático, cuando él sólo había conducido coches con cambio manual. Sumemos a la ecuación algo de falta de destreza por parte del bueno de Lemmy (o el efecto de drogas o alcohol…) y una maniobra desafortunada. El resultado, que Kilmister acabó circulando marcha atrás, en vez de hacia delante, y empotrándose contra un muro. Ése hecho marcó el fin de su historia como automovilista: no volvería a conducir un coche y recurriría siempre a los servicios de taxis o chóferes.

No obstante, y para los acérrimos a la banda, hemos de señalar que la pasión de Lemmy por la automoción quizás era tan peculiar como él mismo. Kilmister no escondía su gusto por las armas -fue un gran coleccionista- y en uno de los últimos documentales sobre su vida pudimos verle conduciendo un tanque con motor Skoda de la Segunda Guerra Mundial; y más recientemente conduciendo una limusina blanca en uno de los vídeos musicales del conocido grupo Foo Fighters, así que quizás la reacción no fue tan categórica como cabría esperar, sino más bien algo temporal.

Lo cierto es que Kilmister hizo todo un ejercicio de responsabilidad para con él y con los demás. Lo que para otros no habría pasado de desafortunado incidente de chapa, con fácil solución en tu taller experto en chapa y pintura CertifiedFirst, para él fue la señal definitiva de que sencillamente conducir no era lo suyo.

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