¿Te imaginas que tu coche pudiese nadar?

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¿Un coche que, además de circular por carretera, flotase en el agua? ¿Te suena a ciencia ficción? ¡Pues nada de eso! Ese coche existe. De hecho, su prototipo fue presentado en el Salón de Ginebra de 1959 y producido en los años 60; concretamente, desde 1961 a 1968. ¿Su nombre? El Amphicar.

El llamado “coche anfibio” (su propio nombre es un acrónimo de las palabras anfibio y coche, en inglés) se comercializó principalmente en los Estados Unidos de América. En la actualidad, es un coche muy codiciado entre los coleccionistas. ¡No es para menos! No sólo se produjeron pocas unidades (en comparación con la producción de otros automóviles, los 4.500 Amphicar producidos es una cifra más bien escasa), sino que además su doble función como coche y como barco le hace único.

Este increíble invento fue desarrollado por el ingeniero alemán Hans Trippel. El coche podía alcanzar en carretera una velocidad de 120km/h y en el medio acuático 15km/h. Contaba con dos hélices en su parte trasera para sus desplazamientos acuáticos. Y, por cierto, cuando estaba en el agua, sus ruedas delanteras hacían las veces de timón. Otras curiosidades son, por ejemplo, las marchas: tenía 4 marchas para la circulación terrestre y 2 marchas para el agua.

Y qué decir de su fantástica carrocería, muy de la época. Estaba fabricada en acero, pero, por razones obvias, era totalmente impermeable. Por aquel entonces sólo se podía comprar el Amphicar en cuatro colores: blanco, rojo, verde y azul. ¡Qué diferente de las múltiples opciones de color que tenemos ahora para nuestros automóviles!

Sin embargo, la historia del Amphicar tiene un triste final, cuando a finales de los 60, el gobierno de los EE.UU prohibió la importación de algunos vehículos. Entre ellos estaba el Amphicar, que se producía en Berlín, pero casi en exclusiva para el mercado norteamericano: de las 4.500 unidades fabricadas, 3.800 acabaron en tierras americanas, donde era un modelo muy exitoso y apreciado. Las restricciones comerciales acabaron con el Amphicar y también con la empresa que lo fabricaba, que quebró.

Pero nos quedamos con la mayor hazaña de un Amphicar: cruzar el canal de La Mancha en un tiempo de siete horas y veinte minutos. Al otro lado del charco, el Amphicar mantiene su fama y hay muchos clubs. Salvando las diferencias, podríamos compararlo con la afición que despierta nuestro coche nacional más entrañable: el 600.

Lo que vemos complicado es que algún fabricante se anime a sacar un nuevo modelo anfibio… ¡Aunque en la época estival sería de lo más práctico! ¿Te atreverías a conducir un coche así por un pantano o por la playa? ¿De qué color lo pintarías? Por el momento, si quien necesita reavivar el color de su pintura es tu actual automóvil, no lo dudes y contacta con la red de expertos en chapa y pintura de CertifiedFirst. ¡Te esperamos!

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