¿Carrocería de bioplástico a base de cáñamo y soja? ¡Henry Ford ya lo pensó… y lo hizo!

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La etiqueta ‘bio’ está muy de moda y hoy día nos suena muy bien y como sinónimo de innovación y modernidad. Nada más lejos de la realidad: así como el coche eléctrico ya fue pensado siglos atrás, también tenemos conocimiento del desarrollo de carrocerías eco-friendly. Y de la mano de Henry Ford, nada menos.

Así es, en el año 1941 la compañía de Henry Ford hizo un acercamiento a la composición de carrocerías con plásticos de origen agrícola, concretamente fibra de soja a partir de fibra de cáñamo. El prototipo se conoce como Hemp Body Car o Soybean Car.

Para desarrollar este automóvil se basaron en investigaciones del científico G. Washintong Carver, con idea de conseguir un coche cuya carrocería de paneles de plástico de origen vegetal sería menos pesada y, por tanto, el vehículo consumiría menos. Aunque lo cierto es que el ambiente de la II Guerra Mundial también puso su granito de arena, ya que por aquellos años estaba vigente un racionamiento del acero, que era (y sigue siendo en gran medida) el material más utilizado para fabricar las carrocerías.

Por otro lado, parece que el propio Henry Ford tenía una cruzada particular mediante la que esperaba unir las industrias agrícola y automotriz. Cerca de un siglo después, con los nuevos materiales para carrocerías y combustibles de origen agrícola, ¡seguimos intentándolo!

El ingeniero Lowell E. Overly, quien estuvo a cargo de este coche con carrocería a base de soja, confirmó en una entrevista antes de su muerte que en efecto el coche contaba con fibra de soja. Pero este compuesto suponía menos de la mitad de la carrocería, así que tampoco puede hablarse de un ‘coche de soja’ propiamente dicho.

¿Carrocería de bioplástico a base de cáñamo y soja? ¡Henry Ford ya lo pensó… y lo hizo!

¿Qué era lo que atraía del cáñamo a Henry Ford?

Pero, ¿por qué Henry Ford, empresario visionario donde los haya, se fijó en las posibilidades del cáñamo? Este vegetal presenta dos características muy interesantes para la industria automotriz:  su durabilidad al evitar el problema de la oxidación (que sí sucede en los metales) y su resistencia a los golpes.

¿Carrocería de bioplástico a base de cáñamo y soja? ¡Henry Ford ya lo pensó… y lo hizo!

Y es que en aquellos primeros años, se soñaba con una carrocería indestructible, que no se deformase, que fuese prácticamente eterna… De ahí la leyenda de que los coches robustos son más seguros. Hoy día, en cambio, sabemos que la seguridad está en que las fuerzas que se desatan en un impacto se canalicen a través de la carrocería, sin dañar a los ocupantes, en lo que se conoce como la estructura de deformación programada.

Pero volviendo a Henry Ford, lo que interesaba es que la carrocería fuese cuanto más resistente mejor. Incluso hay testimonio gráfico del propio Ford golpeando sin piedad este vehículo de su fábrica para controlar personalmente su calidad y resistencia.

¿Carrocería de bioplástico a base de cáñamo y soja? ¡Henry Ford ya lo pensó… y lo hizo!

En ese sentido, ya en aquella época, se hablaba de las posibilidades de diferentes fibras vegetales, como el propio cáñamo, la soja, la avena…

Además, el coche de cáñamo y soja de Ford estaba pensado como un modelo de bajo coste y que usaría aceite de cáñamo a modo de combustible. ¡Aún más eco-friendly!

Gracias a los archivos conservados en el Museo Henry Ford (Dearborn, Michigan) sabemos que este coche tan especial con carrocería realizada a base de paneles de bioplásticos fue presentado el 13 de agosto de 1941, en el marco de una feria local. Poco más sabemos de esta idea y por qué cayó en el olvido, aunque sí existe cierta leyenda sobre el ‘coche de soja’ de Henry Ford.

¿Carrocería de bioplástico a base de cáñamo y soja? ¡Henry Ford ya lo pensó… y lo hizo!

Lo cierto es que cuando EE.UU entró a participar en la Segunda Guerra Mundial la fabricación de vehículos civiles fue interrumpida. Se piensa que el único prototipo construido en torno a esta idea fue destruido al cabo de un tiempo, aunque nadie lo sabe a ciencia cierta ya que no hay documentación al respecto.

Lo que sí sabemos es cerca de un siglo después las ideas de Henry Ford han sido validadas por una industria automovilística volcada en la investigación de bioplásticos, biocombustibles y nuevos materiales para la fabricación de las carrocerías que van desde la fibra de carbono al bambú, pasando por los dientes de lapa

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